todas aquellas historias q algún día alguien decidió contar pero nadie escuchó jamás han decidido alojarse aquí, en este buzón olvidado...bienvenid@s

Monday, October 22, 2012

quizá yo llegaba demasiado tarde y tú demasiado pronto quizá era al revés no quedaban horas que perder, y decidimos que era mejor perderse entre palabras, dejar que pasaran junto a pies fríos y descalzos nos dejamos arrastrar por las distancias, perdimos tes por el camino, nos volvimos de piel y luego de cristal al final alguien gritó, no sé si tú o yo o los dos, pero había gritos tan fuertes que el cristal empezó a temblar al final algo se rompió y ahora el norte está vacío y desde aquí no sé si tiene sentido mirar al sur y me da miedo rodearme de cenizas que ya no me pueden quemar y aprendo que he perdido que no podré intercalar sonrisas entre parpadeos lo asumo hasta mañana

Tuesday, May 27, 2008

de ese calcetin donde en Lisboa
martirizaba los versos el poeta


al pie del mar
al borde de tus pies
y al lado de mis círculos concéntricos
calabas las miradas de palabras
eras el puente más grande que había visto jamás


¿y la lluvia?
¿dónde han quedado mis palabras descalzas?
norte olvidado



sur recogido de viento
(*Cursiva de Roger Wolf "La tortura, viejo y literario género...")

Sunday, January 14, 2007

-¿Por qué nunca nos besamos?
-Porque si un electrón choca contra un protón, estallarían y nadie sabe lo que podría pasar. Y siempre tuve miedo de hacerte daño. Por eso, supongo, nunca nos besamos.

Sunday, November 19, 2006

el viajero, la niña y la enferma

Llegó a aquel lugar como antes había llegado a tantos otros, callado, con paso firme y la mirada curiosa.

Lo primero que le extrañó a El Viajero fue el silencio de aquel lugar, aquel silencio que le dejaba oir el llanto no muy lejano de una niña. Guiado por él, El Viajero aceleró el paso, y encontró, sentada, casi acurrucada, bajo la sombra de un viejo olmo, a una preciosa niña morena de pelo largo y rizado. El Viajero, sin decir nada, se sentó al lado de La Niña, y, con sumo cuidado, fue recogiendo en sus manos las lágrimas, y, mirando entre ellas, comprendió; así pues, El Viajero tendió su mano a La Niña, diciéndola, “llévame con ella; la curaré”.

En ese momento La Niña dejó de llorar, y, tomando la mano del viajero, y con una tímida sonrisa de esperanza, le llevó a su casa. Allí fue recibido por El Padre, que, al escuchar a La Niña que El Viajero podría curarla, le hizo pasar a su cuarto.

La Enferma se encontraba apresada por La Fiebre en la cama. La Fiebre había vendado a La Enferma con sus propios párpados, y había hecho piedra su corazón y sus venas, para raptar su alma y dejarla inmóvil. El Viajero se sentó junto a la cama, y, tomando su mano, comenzó a contarle bellas historias de los lugares que había conocido en sus viajes. Historias llenas de sonrisas y risas, cuentos mágicos de amor cargados de finales felices, leyendas llenas de sabiduría… y, al llegar la noche, la mano de La Enferma, era de nuevo ligera y suave.

Poco antes de llegar El Cansancio, El Viajero posó un beso sobre la frente de La Enferma, cerrando así la puerta a Los Malos Sueños que La Fiebre siempre llamaba. Así, La Enferma soñó con los bellos lugares, con las risas y las sonrisas y todas las cosas lindas que habitaban en las historias de El Viajero.

A la mañana siguiente, La Enferma ya empezaba a mover los dedos, mientras, El Viajero, seguía contándole historias con su mano tomando la de ella. Y así fueron pasando los días, llenos de historias bellas, empezando con una nueva mejoría de La Enferma cada mañana, y acabando con un beso en la frente, para trancar la puerta a Los Malos Sueños, hasta que, un día, La Enferma abrió los ojos, y sonrió, pues La Fiebre se había ido al desaparecer Los Malos Sueños, y porque ya conocía historias preciosas que compartir con El Padre y La Niña.

Ese día se hizo una gran fiesta. Todos bailaban y reían, pero, a la hora de brindar, cuando El Padre alzó su copa para expresar su gratitud a El Viajero, nadie le encontró. Fue entonces cuando La Niña apreció corriendo por el camino, anunciando que El Viajero había partido ya, pues quedaba mucho camino por andar, pero que agradecía la historia que aquí había aprendido. Sonrientes todos, reanudaron la fiesta en su honor.

La Niña sonreía feliz, con su preciosa sonrisa que le marcaba unos graciosos hoyuelos, pues su madre volvía a estar bien, y ella tenía sus primeros secretos, pues, lo que La Niña no dijo, fue el encargo del viajero de dejar un beso sincero en la frente de La Enferma cada noche, para que nunca más volvieran Los Malos Sueños. Pero más aún se guardó para sí, como el mayor de los secretos y el más bello de los tesoros, el beso que El Viajero le dejó en su frente, un beso tan grande y sincero, que a ella nunca le atacarían los malos sueños.

Tuesday, June 06, 2006

el pez

Paula se sentía muy orgullosa de que Ramón ya llevara algo más de un año con ella, y no era para menos, especialmente si tenemos en cuenta que Ramón era un carpín, uno de esos pececitos naranjas que viven en peceras, con piedrecitas de colores en el fondo y agua del grifo, y comen esa especie de escamas secas que vienen dentro de algo parecido a un salero.

Paula cuidaba muy bien de Ramón. Todos los días le daba de comer, y le cambiaba el agua. Se pasaba horas mirándolo nadar mientras le contaba sus secretos. Y, en tanto tiempo, pues un año es mucho tiempo a los nueve, eran ya muchos los secretos que compartían.

Quizá por eso lo hizo. Cuando su tía Marta le dijo que los peces, “sí, Paulita, Ramón también”, se olvidaban de todo a los dos segundos, Paula se sintió traicionada. Por eso destrozó contra el suelo la pecera, quedando Ramón coleteando entre agua y cristales. Al verle agonizar, Paula, arrepentida, lo tomó en sus manos, y corriendo, lo llevó a la cocina, donde improvisó una pecera con la ensaladera de cristal de mamá.

Ramón sobrevivió, y, quizá, incluso, se olvido de todo aquello, al igual que Paula creía que había olvidado sus secretos. Pero, a pesar de ello, y de que su pecera era ahora más grande y bonita, y sus piedrecitas de colores más lindos, y su comida la más cara, Ramón no ha vuelto a ser el mismo, nada apenas sin ganas, y apenas come.

Ayer, Paula vio en la tele un documental sobre peces, y prestó muchísima atención, pues, quizá, dijeran algo para que Ramón pudiera volver a ser el de antes, pues Paula le quería, y añoraba al Ramón de siempre. En ese momento, mientras varios salmones saltaban río arriba, la voz en off dijo en su tono aséptico, que aquellos peces estaban volviendo al lugar donde nacieron. Paula comprendió al instante, y salió corriendo para su cuarto, donde, delante de la pecera, con lágrimas en los ojos y su sinceridad de nueve años, dijo: “lo siento, Ramón, lo siento muchísimo”.

Esta mañana, Ramón nadaba con renovado brío, y engullía toda la comida que Paula le echaba mientras le contaba, en secreto, el sueño tan lindo de aquella noche.

Friday, April 28, 2006

Porquerías (sin puntos ni comas)

Tenía un baúl donde guardaba toda tu mierda


tus palabras escupidas (sus tímpanos se llenaban de nudos)

tus besos escareados(sus labios se llenaban de sangre)

tus caricias sucias y marchitas (su piel se llenaba de grietas)

tu mirada vacía, inútil, traslúcida (sus ojos se llenaban de nada)

ahora, todos los lunes por la mañana lo abre
(los domingos ya le entristecen demasiado)
lo mira y llora a ratos
y a ratos golpea tus recuerdos

el resto de la semana se desarrolla normal

ana sigue follando con su marido cada martes por la noche y yendo al cine con su hija los miércoles a las 5:15 pm
pero no
aún no te ha olvidado...

Wednesday, April 26, 2006

sudando

bajo tu sexo...

inchado, benévolo, palpitando...

callando con labios mudos mis miedos

tú te desnudas por fuera (te arrancas la ropa y te entregas)
yo por dentro (no paro de hablarte de ella)

me callas llenando mi boca de tus formas

escupiendo todo tu amor a mis ojos ciegos

sudando....

...bajo tu sexo

 
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